VI Informe sobre efectos biológicos de la radiación ionizante
El martes 19 de febrero de 1998, la Academia Nacional de Ciencias (NAS) dio a conocer su VI informe sobre los efectos biológicos de la radiación ionizante (BEIR), titulado Efectos sobre la Salud de la Exposición al Radón en Espacios Cerrados. Este informe de la NAS constituye el cúmulo de datos científicos más concluyentes acerca del radón en interiores. En él se confirma que el radón es la segunda causa de cáncer de pulmón en los Estados Unidos y que constituye un serio problema. Además, el informe confirma la estimación de la EPA según la cual el radón es causante de 15.000 muertes por cáncer de pulmón al año.
La Academia Nacional de Ciencias ha publicado un Resumen Ejecutivo y un Resumen Público del informe. El Resumen Público puede obtenerse haciendo clic en www.epa.gov/iaq/radon/beirvi1.html. La versión completa del BEIR puede adquirirse visitando el sitio web de la NAS (www.nas.edu). El Resumen Público se transcribe a continuación.
VI Informe sobre efectos biológicos de la radiación ionizante (BEIR): Efectos sobre la Salud de la Exposición al Radón en Espacios Cerrados
Resumen Público
El radón es un gas que se forma de manera natural y se infiltra a través de las rocas y el suelo. Proviene de la desintegración del uranio, el cual ha estado presente en el suelo desde la formación de la Tierra. La tasa de infiltración del radón es muy variable, en parte debido a que la cantidad de uranio en el suelo, a su vez, varía considerablemente. El radón se libera del suelo a la atmósfera y también al aire de interiores como consecuencia del flujo de gases del suelo subyacente a los cimientos de los edificios. El nivel de radón al aire libre es muy bajo, pero su concentración aumenta cuando no puede expandirse. En ciertas minas, sobre todo en las de uranio, el nivel de radón es mucho más alto.
Si bien el radón es químicamente inerte y no posee carga eléctrica, es un elemento radioactivo, lo que significa que los átomos del mismo que se encuentran en suspensión pueden desintegrarse espontáneamente o bien transformarse en otros átomos, llamados "descendientes del radón", los cuales sí poseen carga eléctrica, siendo adsorbidos por las partículas de polvo del aire de interiores, las que al inhalarse pueden adherirse a la membrana pulmonar. Los átomos depositados en los pulmones se desintegran o sufren modificaciones, emitiendo un tipo de radiación llamada "radiación alfa", la que puede afectar el ADN, pudiendo ésta ser la etapa inicial del proceso de formación de tumores malignos. Las radiaciones alfa atraviesan distancias muy cortas dentro del cuerpo, por lo cual aquellas provenientes de la desintegración de los descendientes del radón presente en los pulmones es incapaz de alcanzar las células de otros órganos, afectando sólo a los pulmones. Por lo tanto, es probable que el cáncer de pulmón sea el único tipo de cáncer que el radón puede ocasionar.
Desde hace siglos se sabe que la tasa de casos de cáncer de pulmón en mineros que trabajan en las profundidades es mayor que la del promedio de la población. En las últimas décadas han ido en aumento la evidencias que permiten atribuir el cáncer de pulmón a altos niveles de radón, así como también al humo de cigarrillo. La relación entre el radón y el cáncer de pulmón en el caso de los mineros ha generado la inquietud de que la presencia de radón en el hogar también pudiera ser causante de cáncer de pulmón en la población en general, aunque el nivel de radón en la mayor parte de los hogares es mucho menor que en la mayoría de las minas. El estudio del Consejo Nacional de Investigaciones, que ha sido realizado por el VI Comité de Investigación de los Efectos Biológicos de la Radiación Ionizante, ha utilizado la información más reciente disponible para calcular los riesgos que entraña la exposición al radón en el hogar. La manera más directa de evaluar tales riesgos consiste en medir el grado de exposición al radón de las personas que sufren de cáncer de pulmón y compararla con el nivel de exposición de personas que no padecen la enfermedad. Varios de tales estudios ya han sido realizados, mientras que otros están aún en curso. Los mismos no han brindado una respuesta definitiva, en primer lugar, debido a que, probablemente, el riesgo sea muy escaso por el bajo nivel de exposición al radón registrado en la mayoría de los hogares y, en segundo lugar, debido a que es difícil calcular el grado de exposición al radón que una persona ha experimentado a lo largo de su vida. Además, es evidente que son muchos más los casos de cáncer de pulmón causados por fumar que los ocasionados por el radón.
Dado que una evaluación de riesgos representativa no puede realizarse únicamente en base a los resultados de estudios efectuados en hogares, el comité del BEIR ha decidido utilizar la información sobre cáncer de pulmón de los estudios realizados sobre mineros que constituyen el grupo más expuesto al radón para determinar los riesgos que entraña la exposición al radón en el hogar. El comité realizó once estudios con mineros, analizando los casos de aproximadamente 68.000 personas, de las cuales 2.700 murieron de cáncer de pulmón. El comité analizó los datos estadísticamente para describir la relación entre el riesgo de muerte por cáncer de pulmón y la exposición al radón y elaboró dos modelos de riesgo..
Al trasladar el riesgo de las minas al hogar, el comité halló diversas dificultades. En primer lugar, la exposición al radón de la mayoría de los mineros era, en promedio, varias veces mayor a la exposición en el hogar. En realidad, solamente en pocos hogares el nivel de exposición fue similar al de las minas. Fue entonces necesario calcular el riesgo de exposición en el hogar sobre la base de los casos de muerte por cáncer de pulmón observados en las minas. El estudio coincidió con estudios anteriores en que el riesgo de contraer cáncer de pulmón se incrementa en proporción lineal al aumento de la exposición. Por ejemplo, al duplicarse el grado de exposición también se duplica el riesgo, e, inversamente, la reducción de la exposición en un 50 por ciento reduce el riesgo a la mitad. Además, las evidencias biológicas disponibles sugieren que aún un muy bajo nivel de exposición al radón entraña algún grado de riesgo. Sin embargo, no puede descartarse la existencia de un umbral por debajo del cual la exposición al radón no cause efecto alguno.
Otra de las dificultades que halló el comité fue que, además de inhalar el polvo y otros contaminantes de las minas, la mayoría de los mineros estudiados eran fumadores. Dado que tanto el radón cuanto el humo de cigarrillo son causantes de cáncer de pulmón, resulta complicado determinar la incidencia individual de cada uno de ellos, lo que hace particularmente difícil calcular el riesgo de exposición al radón en el hogar en el caso de no fumadores sobre la base de la evidencia de los mineros.
Una dificultad adicional radicó en que casi todos los mineros eran varones adultos, mientras que la población expuesta al radón en el hogar incluye hombres, mujeres y niños.
El comité utilizó la información del estudio realizado con mineros y la complementó con información procedente de estudios de laboratorio efectuados para determinar la relación entre la exposición al radón y el cáncer de pulmón. Luego, tomando los datos poblacionales de los Estados Unidos, incluyendo la medición del nivel de radón en los hogares, el comité realizó la estimación de la cantidad de muertes por cáncer de pulmón causado por exposición al radón en el hogar. En 1995, aproximadamente 157.400 personas murieron de cáncer de pulmón en los Estados Unidos (por causas diversas, incluyendo el tabaco y la exposición al radón). Del total de víctimas fatales, 95.400 eran hombres, el 95 por ciento de los cuales habían fumado alguna vez. En cuanto a las mujeres, de los 62.000 casos fatales, aproximadamente en el 90 por ciento de los mismos se trató de personas que alguna vez habían sido fumadoras. Se estima que el total de casos fatales en personas que nunca habían fumado ascendió a 11.000.
La estimación central preferida del comité es que 1 de cada 10 ó 1 de cada 7 lo cual depende del modelo utilizado muertes por cáncer de pulmón atribuible a causas diversas lo que equivale a estimaciones centrales de aproximadamente 15.400 a 21.800 muertes al año puede adjudicarse a la exposición al radón en fumadores y no fumadores tomados conjuntamente. Sin embargo, existe un margen de incertidumbre, cuya estimación se obtuvo mediante un análisis simplificado de un modelo de riesgo relativo constante basado en observaciones lo más cercanas posible a los niveles reales de exposición al radón en los hogares. La cantidad de casos fatales de cáncer de pulmón por exposición al radón que arrojó dicho análisis podría oscilar entre 3.000 y 32.000 al año. La mayoría de los casos de cáncer de pulmón por exposición al radón se dan en personas que alguna vez fumaron. Debido al sinergismo entre el humo de cigarrillo y el radón, muchos de dichos casos podrían haberse evitado controlando el consumo de tabaco o reduciendo la exposición al radón. La estimación más precisa del comité es que de las 11.000 muertes anuales por cáncer de pulmón en no fumadores, 2.100 ó 2.900 dependiendo del modelo utilizado fueron atribuibles a la exposición al radón.
Al ser un elemento que se forma naturalmente, el radón no puede eliminarse por completo del hogar. Del total de muertes que el comité atribuye al radón (tanto considerado independientemente como conjuntamente con el consumo de tabaco), tal vez un tercio de las mismas podría evitarse reduciendo el nivel de radón en los hogares en los que la concentración del mismo supera el "nivel orientativo de riesgo" de 148 Bq/m3 (4 pci/l) que establece la EPA.
El riesgo de contraer cáncer de pulmón como consecuencia del consumo de tabaco es mucho mayor que el de contraerlo por exposición al radón en espacios cerrados. La mayoría de los casos fatales atribuibles al radón en fumadores no habrían ocurrido en no fumadores. Hay evidencias de la interacción sinérgica entre el humo del cigarrillo y el radón. En otras palabras, la cantidad de casos de cáncer de pulmón causados por el radón en no fumadores es mayor de lo que cabría esperar en fumadores no expuestos al radón o en personas expuestas al radón que no fuman. De todos modos, los 15.400 ó 21.800 casos fatales estimados atribuibles al radón ya sea considerados conjuntamente o no con el consumo de tabaco constituyen un grave problema.
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